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El viñedo se sitúa mayoritariamente en una franja estrecha de este a oeste, de unos 5 o 6 km de anchura perpendicular al Río Duero y que abarca unos 15 km de longitud de norte a sur.

Por tanto, hay viñedos en los páramos del sur del Duero, en la zona de Fompedraza y Canalejas, y en zonas más bajas, en las laderas que conducen a Peñafiel. Hacía la zona norte, los viñedos se sitúan en zonas bajas, cercanas al Duero, en Peñafiel, Pesquera y Bocos; y continúan hacia el norte, en las laderas de Pesquera, Piñel de Abajo y en el extremo norte, Piñel de Arriba.

Los viñedos de Páramo, Ladera y Vega cercana al Duero, permiten obtener uva con características diferentes, que a su vez aportan propiedades singulares a los vinos.

La característica general en todos los viñedos es que están situados en terrenos pobres, es decir, con muy poca materia orgánica, y alto contenido calizo, lo que dificulta la producción de otros cultivos. La viña subsiste gracias a un buen enraizamiento, ya que el suelo lo permite, y posibilita la subsistencia de la planta, aún en años de mucha sequía.

Los terrenos en general tienen muy limitada la posibilidad de riego; la mayor parte de los viñedos son, por tanto, de secano.

De forma general, las vegas son mayoritariamente cascajos de canto rodado o incluso de arena. Los viñedos de páramo, con mayor o menor contenido en arcillas, son, o bien terrenos blancos, de tierra muy caliza, o bien cascajos de piedra caliza irregular.

En los páramos se obtiene uva de maduración más lenta, más frutal y de mayor acidez; en las Vegas de cascajo, dan vinos muy concentrados y con alta acidez; y las laderas dan uva de maduración más temprana, y, finalmente, vinos con buena estructura, pero con menor acidez.